Por: Susana Sierra

Durante las últimas semanas hemos sido testigos de casos lamentables, como el derrame de petróleo en Magallanes, la contaminación de aguas en Valparaíso y el corte de agua que afectó a la comunidad de Osorno, entre otros. Nos hemos ido acostumbrando a ver casos como estos, donde lo primero que se hace es culpar a una persona, pero no nos preguntamos realmente qué se hizo para prevenir que esto sucediera.

El país está creciendo, los tiempos han cambiado y las empresas deben estar a la altura de estos cambios. La forma en que operan las compañías es de real importancia, ya que cada toma de decisiones afecta, no sólo a la empresa, sino también, a la sociedad y al mercado en general.

Suponemos que ninguna de las empresas buscaron, ni quisieron, que esto sucediera, pero ¿qué hicieron para frenarlo? ¿hasta cuándo vamos a seguir haciendo la vista gorda con lo que sucede dentro de las compañías? Ya es hora de que dejemos de darnos palmaditas en la espalda, diciéndonos que somos los mejores, en vez de ser capaces de analizar dónde están las fallas para, así, invertir en mejoras que aporten de verdad.

Lo anterior, nos está llevando a una brecha peligrosa entre las empresas y la sociedad. Estamos viviendo una crisis de confianza, donde cada uno trabaja por su cuenta, como enemigos, buscando el lado negativo de los hechos sin valorar lo positivo. Debemos entender que si queremos una mejor sociedad, ésta se debe construir entre todos.

Si bien se necesita una mayor eficacia en las fiscalizaciones del país, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Las empresas deben comenzar a interiorizar que el cómo obtienen los resultados, es igual de importante que los resultados mismos.

Es realmente necesario interiorizar el compliance en el corazón de las empresas. Deben existir procesos que se incorporen a esta cultura de integridad, manteniendo una permanente trazabilidad de sus procesos y toma de decisiones. Para ello, son claves los procedimientos previamente establecidos, contribuyendo así a que tanto directivos, trabajadores, y los demás agentes relacionados a la operación cumplan con la ley, y con hacer las cosas realmente bien.

Más allá de hacerlo sólo por “cumplir con la ley”, es importante ser conscientes de la autorregulación, donde son las empresas las encargadas de demostrar que hicieron todo lo posible para evitar que ocurran delitos o malas prácticas, transparentando sus procesos y enfatizando los estándares bajos los cuales se rigen para realizar su trabajo.

Hay que realizar inversiones que vayan en pro de hacer las cosas bien, para avanzar y así ser un país más transparente, que persigue el sano funcionamiento de todas las instituciones.

No hay que seguir esperando, en que sigan ocurriendo hechos lamentables como los que hemos visto. ¿Queremos ser un país más desarrollado? Comencemos por preocuparnos y ocuparnos de cómo podemos mejorar, para así tener resultados idóneos.

Fuente: La Tercera